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Colonia escocesa en Argentina - C. Grierson

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Cecilia Grierson, la primer médica Argentina realizó en 1925 este pormenorizado trabajo histórico sobre la primera colocnia escocesa en la Provincia de Buenos Aires.
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Primera y única colonia formada
por escoceses en la Argentina,


Dra. Cecilia Grierson
Buenos Aires
Peuser, 1925



Colonia de Monte Grande, Provincia de Buenos Aires


Introducción
En 1878 Mr. James Dodds publicó aquí “Records of the Scottish Settlers in the River Plate, etc.”
Estimulado por el Rev. Doctor J. W. Fleming y por datos (publicaciones, periódicos, recortes, papeles y
recuerdos familiares), que dieron: Ronald Bridgett, Esq., cónsul inglés en Buenos Aires; el Rev. James
Smith, pastor de la Iglesia Presbiteriana escocesa; Arthur Towers, Esq., residente en Montevideo y las
cinco sobrevivientes entonces, de la Colonia de Monte Grande: Señoras Cristina Rodgers de Mac Lean;
Juana Rodgers de Robson; Juana Grierson de Methven, Rufina Kidd de Wilde y señorita Mariana
Grierson.
Esa publicación contiene una reseña incompleta de la actuación de los escoceses a principios
del siglo pasado, mencionando en primera línea a mi abuelo W. G.
El resto del libro, y en realidad su mayor parte, es la historia del desenvolvimiento de las iglesias
protestantes en el Río de la Plata.
Para completar los datos encontrados en esa obra, he recurrido a “The English in South
America” y “Handbook of the River Plate” escritas hace unos sesenta años por M. E. Mulhall, que fundó
en 1861 “The Standard”.
El “British Packet” publicado en 1826 a 1858 dirigido por T. G. Love, cuya colección existe en
nuestra Biblioteca Nacional, contiene una serie de datos interesantes.
En español las pacientes investigaciones en el Archivo Nacional y otras fuentes de información
histórica de Ricardo Pillado y el Dr. Francisco P. Moreno. También las traducciones de Pillado, Aldao y
otros de las obras de los hermanos Robertson y Woodbine Parish.
Las “Guías Blondell” publicadas en 1826 a 1834, dan datos muy exactos e interesantes,
especialmente sobre el comercio en Buenos Aires, a principios del siglo pasado.
El interesante librito del doctor José Antonio Wilde, titulado “Buenos Aires desde sesenta años
atrás” (1878), indicando las modalidades de la época, nos lleva al tiempo en que sucedieron los hechos
que deseamos tratar.
Interesantes datos me han dado el señor Robert Bruce Gibbings, de Lomas, y otras personas.
Incluimos en esta publicación una fotografía de una acuarela en azul, hecha durante el viaje,
como se ve, de la fragata “Symmetry” of Scarboro (lámina I); fragata en que vinieron la mayor parte de
los que fueron fundadores de la Colonia de Monte Grande.
Dicha pintura ha sido conservada con todo cariño por mi familia y por primera vez ha sido ahora
reproducida y publicada.
Los antiguos escoceses en el Río de la Plata, la recordaban y veneraban, como los
norteamericanos a su “May Flower”; pero, pocos de sus descendientes habrán visto la pintura original; ha
causado pues gran sorpresa y alegría el ver la reproducción aquí incluida y he entregado varias docenas
de fotografías, unas del tamaño del cuadro original y otras ampliadas, como también este folleto impreso,
para venderse a beneficio de la educación, que auspicia el “Scottish Centenary Fair”.
La actuación en Sud-América de los hermanos Juan Parish y Guillermo Parish Robertson es bien
conocida por sus libros “Letters on Paraguay (1835)” “Francia´s Rein of Terror” (1839) y “Letters on
South America” (1843), escritos en su retiro en Inglaterra.
Sobre la Colonia de Monte Grande, poco o nada mencionan los Robertson en sus obras, por
haber sido el mayor fracaso y decepción que sufrieron aquellos “pioneers” de la civilización. Pues esta
empresa los dejó sumidos en la mayor pobreza, retirándose sucesivamente a su país de origen donde
recuperaron un relativo bienestar material y habiéndose casado Juan Parish con una rica dama, se
dedicó al estudio y luego a reunir y publicar sus recuerdos.
En 1910 deseaba publicar, en homenaje al Centenario de nuestra Independencia, una reseña
como la que ahora hago; pues el libro de Dodds había casi desaparecido, debido a los prejuicios de
muchos de los descendientes de aquellos esforzados “pioneers” que habiendo alcanzado una
encumbrada posición social, tienen la debilidad de no querer que se mencione la humilde posición que
ocuparon sus antecesores en la Colonia de Monte Grande, pues el autor daba francamente los datos tal
cual están anotados en el Consulado Británico. Así, no pude realizar el proyecto por una decidida
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 2

oposición y ahora trataré de evitar herir la vanidad de muchos, englobando los nombres en una masa
informe.
Publico esto en español, porque creo que, por más conservadores que fueran mis antepasados,
estos hechos deben darse a conocer, después de un siglo, en el idioma del país en donde tuvieron lugar.
Es la reseña de la primera y única Colonia escocesa en la Argentina.
La fundación de la Colonia de Monte Grande ha dado lugar a una de las gestiones más
trascendentales del Gobierno de Rivadavia, pues aparte de los elementos de alta cultura moral que
vinieron entonces; es el hecho de que el contrato de colonización firmado por Rivadavia el 11 de Marzo
de 1824, fue la primera declaración oficial de la libertad de cultos en nuestro país.
Agosto 11 de 1925.
Cecila Grierson.

Antecedentes
Entre los años 1824 y 1825 había en toda Europa y especialmente en Inglaterra entusiasmo por
hacer empréstitos, formar compañías y asociaciones, principalmente comerciales y de emigración hacia
Sud-América. La más resonante en Inglaterra fue la “Beaumont Association” para mandar en cantidad,
súbditos británicos a colonizar y ejercer diversos oficios en Sud-América, que se esparcieron
principalmente en la Argentina y Chile, pero, en realidad llegaron muchos menos de lo que se había
proyectado a causa del fracaso prematuro de la asociación.
Fue la empresa de los Robertson de la misma tendencia que la anterior, es decir, especulativa y
comercial, pero más limitada y puramente colonizadora tomando especial cuidado en seleccionar la
gente para la colonia, llegando a entusiasmar a parientes y amigos para que tomaran parte en la
aventura y preocupándose al establecerlos de que tuvieran facilidades de vida, tanto en lo moral, como
en lo material, como se verá en adelante al elegir el terreno cerca del punto de mayor población
entonces, que era la ciudad de Buenos Aires.
Para mayor esclarecimiento de los hechos posteriores haremos una reseña de la actuación de
los británicos, especialmente escoceses, anterior al año 1825.
Antes del principio del siglo pasado, casi no hubo ingleses en Buenos Aires, pues el censo
levantado en 1744, apenas da siete residentes ingleses en esta ciudad. Sólo se menciona la actividad
individual de unos pocos: la del ingeniero inglés, John B. Hobel que en 1758 dirigió la obra de rebajar la
barranca frente al Fuerte y arregló la calle del Fuerte (hoy 25 de Mayo) para el tráfico, asegurando una
salida al río para las calles que corrían de Oeste a Este.
En 1776, el virrey Vértiz, hizo nombrar al médico irlandés, doctor Miguel Gorman (según R.
Pillado es un error escribirlo O´Gorman) “Protomedicato de la capital del Virreynato” el cual médico
trabajó y vivió en Buenos Aires cuarenta y tres años, falleciendo en el año 1819.
Más tarde, el doctor Thomas Forbes (prisionero de guerra en 1806), fue médico muchos años en
esta ciudad.
En 1823 vino el doctor Lepper que después fue médico de Rosas. También el doctor Oughan
irlandés y más tarde el doctor Bonel que se entrelazó con esta familia.
Ya hemos mencionado el doctor A. Dick, al cual han erigido un buen monumento en el
cementerio británico y ahora se ha trasladado a la sección británica de la Chacarita.
El doctor A. Brown, que fue médico de la escuadra argentina, cuando estuvo en guerra con el
Brasil, radicándose en Buenos Aires el año 1828, donde vivió hasta su fallecimiento en 1868.
Puede decirse que sólo desde 1802 empezaron a llegar buen número de británicos que
prosperaron rápidamente en cualquiera de las actividades a que se dedicaron, estando clasificados en el
registro del Consulado Británico como comerciantes y propietarios, indicando el punto de donde salieron.
De Inglaterra llegaron entre los años 1802 y 1823 unos treinta y seis comerciantes y trece
propietarios, cuyos nombres eran: R. Jackson, Q. Jump, P. Parkin, J. Barton, R. Billinghurst, J.
Postlethwaite, J. Robinson, J. Sudlam, D. Mackinlay, S. Puddicomb, J. Stevenson, J. Brittain, W. Cope,
T. Nelson, S. Davis Weller, J. Lee, S. Chapman, D. Price, T. Newton, J. Turner, J. Thwaites, N. B. Nislet,
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 3

T. H. Bayley, J. Appleyard, J. Carlisle, J. Harratt, J. Taberer, T. Gowland, J. Kelshaw, J. Silletoe, G.
Nuttall, G. Brown, E. S. Harvey, J. y W. Downes, J. Crowther, Samuel Lafone.
De Irlanda desde 1806 a 1818 sólo se inscribieron en el Consulado Británico, tres comerciantes y
dos propietarios, cuyos nombres son: J. Dillon, R. Duffy, R. Montgomery, P. Sheridan, J. Guillioan
(médico). Pero de Irlanda fueron muy numerosos los que se quedaron después de las invasiones
inglesas, cuyos batallones eran casi todos formados por irlandeses y ya sea que desertaran o cayeran
prisioneros, se radicaron en el país, cuya religión era la misma que la de ellos y cuyo carácter es
semejante al español.
El general O´Brien, irlandés, después de haber hecho las campañas de Chile y Perú a las
órdenes de San Martín, fue en 1822 a visitar su familia en Irlanda y contrató allí unos doscientos
agricultores que vinieron a establecerse acá acompañados de un médico y sacerdote.
Directamente de Escocia llegaron desde el año 1809 a 1824, unos veinte y ocho comerciantes y
doce propietarios que se inscribieron en el Consulado Británico de Buenos Aires y son: T. Fair, D.
Spalding, A. Wilson, J. Miller, J. y R. Orr, G. Mc Farlane, John Parish y William Parish Robertson (1809 y
1813), J. Carter, J. Watson, W. Mc Onake, A. C. Dick (médico), J. Mc Farlane, D. Stewart, H. Hoker, S.
D. Campbell, D. Mc Nab, J. Gibson, G. Gibson, A. Butters, T. Duguid, W. Thompson, J. Mc Dougall, J.
Miller, J. Stewart, C. Watson, W. Lockhart, R. Mathison, J. Mc Cleland.
Los datos revelan que fueron los escoceses los primeros en ejercer en gran escala el comercio
en el Río de la Plata y los detalles publicados en las “Guías Blondell” sobre quienes sacaban licencias
para trabajar como “comerciantes y consignatarios” entre los años 1826 y 1834, dan no solo los
nombres, en el orden alfabético, sino también indicando calle y número de la oficina. Como todo
extranjero era considerado “inglés” y todo el que hablara inglés como un británico, no hacían distinción
entre estos y norteamericanos que también llegaron en buen número, como el ingeniero Bevans (abuelo
materno de Pellegrini), Rodney, etc.
Para ejercer principalmente el comercio; tanto que entre unos y otros había en 1830 más
apellidos ingleses que en la actualidad, tomando en consideración la actual población comparada con
aquella. He aquí la lista de firmas comerciales de entonces: Anderson y Weller, J. Appleyard, T.
Armstrong, P. M. Andrew, C. H. Anderson, G. y J. Black, A. Barber, G. Barker, A. Barter, J. H. Bayley, G.
Becher, Beltram y Armstrong, Best hermanos, Brown y Buchanam, J. Brittain, M. Billinghurst, Chapman y
C°, Campbell y Mac Dougall, R. y J. Carlisle, Davison, Dorr y C°, J. Dalton y C°, Dickson, Peysey y C°,
Douglas y Eaton, Dugind y Mc Kerrel, Dowdall y Lewis, Dunnett, Knox y C°, Dickson y C°, Ford y C°, G.
Gibson, J. Gibson, Gowland, Slocum y C°, Green y Hodgson, D. Gowland, T. Gowland, P. M. Grogan,
Harratt e hijos, C. Harton, C. R. Horne, Heyworths y Carlisle, Hallet y C°, J. S. Lyons, G. Lord, Lafone,
Robinson y C°, E. Lumb, T. J. Lowe, Jacksons, Barker y C°, J. Miller, Robertson y C°, Miller, Eyes y C°,
Mac Cracken y Jameson, Mohr y Ludowice, A. Muir, Morison, Muir y C°, T. Nelson, Noble, Gowland y C°,
Nicholson, Grieen y C°, P. A. Plomer, Plowes, Noble y C°, Parlane y Macalister, J. P. Robertson, W. P.
Robertson, C. W. Robinson, Rodger, Bread y C°, R. Lutton, Sheridon hermanos, Salisbury y Davis,
Stewart, Mc Call y C°, Smith, Taylor, Cartwright y C°, J. y J. Thwaites, J. Thompson, Wilson, Smith y C°,
Wilson, Mc Gregor y Hardisti, Winter, Brittain y C°, J. Wilson, J. Zimmerman, Zimmerman, Fraser y C°.
Total: 49 casas comerciales, 18 almacenes, 4 hoteles, 9 muebleros, 3 tapiceros y colchoneros, 2
barraqueros, 2 cocherías, 3 herrerías, 1 corredor, 1 rematador, 2 imprentas, 4 pintores decoradores, 1
joyero, 4 relojeros, 5 boticas, 8 médicos, 6 sastres, 2 talabarteros, 2 encuadernadores, 3 sombrereros, 1
hojalatero, 1 cervecero, 5 negocios pequeños al menudeo.
La primera reunión colectiva de británicos que se menciona es la de una “Logia Masónica
Militar”, durante la ocupación de W. C. Beresford.
Ya desde 1811 se había fundado la primera asociación británica titulada “British Commercial
Rooms” con el personal de las doce casas de comercio de ingleses, en que figuraban los nombres de
Dillon, Wright, Orr, Gowland, D. y T, Barton, Lynch, etc. En 1822 se encargó de la oficina T. G. Love, que
más tarde fue el director del “British Packet” y en esa fecha se subscribieron cincuenta y seis firmas
inglesas. En 1829 recién dieron mayor amplitud y liberalidad en la subscripción de socios, aceptando
entre estos a los del país y cambiando el nombre de la Cámara por “Buenos Aires Comercial Rooms”
que prosperó rápidamente.
El primer banco que se fundó por británicos fue en el año 1822, debido al esfuerzo de los
comerciantes ya mencionados, pues la acción oficial había fracasado. Entre los que más se empeñaron
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 4

en su realización fueron; J. Brittain, W. Hardisty, J. Bayley, J. Harrat, R. Montgomery, W. Cartwright, W.
Orr, W. Robertson, T. Bertram, J. Miller, J. Thwaites.
El banco abrió sus puertas el 15 de Enero de 1822, simplemente como un Banco de descuentos
y todo el encaje era en oro y plata.
En 1826 fue reformado como Banco de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con un
directorio de nueve miembros, quedando sólo tres británicos como directores, estos fueron J. Thwaites,
J. Brittain y J. Barton.
Estos comerciantes se reunían en alguno de los mejores hoteles ingleses de la época para
festejar con un banquete las fechas de su predilección. Los norteamericanos en el de Thorn para el 4 de
Julio, los ingleses el día de San Jorge en lo de Faunch o Keen y en alguno de estos dos, los escoceses
el 30 de Noviembre, día de San Andrés.
El primer banquete escocés tuvo lugar en el año 1824 presidido por el cónsul general británico,
Mr. Woodbine Parish1 que anunció el arreglo para traer agricultores escoceses para colonizar y las bases
del tratado formulado entre el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata y su Majestad
Británica; documento que llevaría a los pocos días a Inglaterra el vice-cónsul señor Griffiths. Este
acontecimiento fue descripto en la “Gaceta Mercantil” de la época.
Estos banquetes se repitieron hasta el año 1835.
J. P. Robertson describe la vida social al cual tenían acceso los británicos entre 1817 y 1819,
haciendo ver que era muy agradable para los que tenían su familia formada, pero bastante monótono
para los solteros sin familia; pues era costumbre que vivieran en la misma casa donde estaba
establecido el negocio, patrones y dependientes, en una especie de pensionado. Los que se
entremezclaron con los del país lo pasaban mejor, y de ahí se explica la cantidad de británicos que
emparentaron con familias del país, a principios del siglo.
Los que continuaban siendo protestantes, que era la mayoría de los británicos, encontraban
grandes dificultades para celebrar los ritos civiles y religiosos en los acontecimientos más importantes de
su vida.
El bautismo se celebraba en el Consulado o en la Legación Británica, oficiando el cónsul o
ministro.
Los casamientos se celebraban a bordo de alguno de los buques de guerra que se acercaban a
esta región o en los casos que estos no pudieran hacerse en esta forma se elegían tres testigos, uno de
los cuales oficiaba como clérigo, daba la bendición y los nuevos cónyuges se subscribían en el registro
consular británico.
Hasta 1820 no hay noticias de que tuvieran los británicos un sitio especial para enterratorio.
El 10 de Diciembre de aquel año, tuvieron una reunión, nombrando un comité para estudiar la
posibilidad de tener un Cementerio británico y dar su informe al respecto a la mayor brevedad posible.
Fueron nombrados G. J. Dickson, presidente, acompañado de R. Carlisle, H. Dallas, A. Guy, T. Nelson,
W. Mc Crachon y W. Lougle que presentaron en seguida el 10 de Enero de 1821, el informe aconsejando
comprar un lote adecuado para el cementerio en la calle Juncal esquina Suipacha, frente al Socorro. Una
subcomisión fue encargada de gestionar ante el Gobierno el permiso necesario que fue acordado el 19
de Marzo de 1821 y con la subscripción levantada entre los interesados compraron el sitio en 700$
moneda corriente.
En 1832 se hizo evidente que el local del cementerio era demasiado pequeño para la población
británica; así en 1833 se hizo el traslado de los restos a la calle Victoria y Pasco, hoy convertido en Plaza
1° de Mayo.

1 Este año se festejó el 25 de Mayo en Londres, como se hace todos los años, el 115 ° aniversario de nuestra independencia, y
Lord Farringdon, Mr. Austin Chamberlain y otros, entre ellos el nieto del que había intervenido en este primer tratado de Amistad,
Navegación y Comercio, Sir Woodbine Parish, quien hizo resaltar la no interrumpida armonía durante todo un siglo entre la Gran
Bretaña y la Argentina, contestando nuestro ministro don José Evaristo Uriburu, quien al brindar mencionó la clarovidencia de los
estadistas George Canning y Woodbine Parish sobre el porvenir de nuestro país, como igualmente el patriotismo y elevación de
nuestros hombres de Estado de entonces: Bernardino Rivadavia y José Manuel García, y el significado de la venida del Príncipe de
Gales para consolidar más nuestras relaciones amistosas.
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 5

El comité del Cementerio Británico obtuvo ese mismo año personería jurídica y reteniendo el
terreno del antiguo cementerio hasta 1887 en que obtuvieron la suma de 27.000$ que invirtieron en
cédulas nacionales a fin de tener una renta, necesaria para el sostenimiento del nuevo cementerio.
Para la compra de éste se obtuvo el permiso necesario el 11 de Febrero de 1833 y pagaron por
el terreno 4,500 $ moneda corriente o sea £ 131. Luego con la construcción de la capilla, rodear el
terreno de pared, etc., se empleó un total de 45.643 $ o sea £ 1.318; dándoseles el título definitivo de
posesión el 31 de Diciembre de 1833. Arreglándose que sería un cementerio protestante, común,
pagando los norteamericanos y alemanes la parte que les correspondía del terreno. Ya desde 1868, la
Municipalidad de Buenos Aires, trató de hacer cambiar de sitio dicho cementerio por estar demasiado
central en medio de la ciudad; pero, en varias ocasiones se encontró gran oposición, intervinieron las
influencias oficiales y el traslado fue postergado haste el 24 de Noviembre de 1892 en que se hizo la
apertura de la sección protestante del Cementerio de la Chacarita.


En 1824 los protestantes británicos gestionaron el establecer la Iglesia Anglicana y por
suscripción costearon la estada del Rev. Mr. Armstrong, que ofició en un local ad-hoc en la calle Potosí,
hoy Alsina, hasta la construcción de la Primera Iglesia Anglicana en terreno donado por el estado en la
calle 25 de Mayo, donde subsiste.
Los de la Colonia de Monte Grande, apenas llegaron, hicieron gestiones para establecer la
Iglesia Presbiteriana Escocesa y conseguir un maestro de escuela para los hijos de los colonos.
Consiguieron que de Glasgow viniera el Rev. W. Brown que ejerció ambas misiones, más tarde se
construyó la iglesia, estilo gótico, dirigida por el arquitecto Adams y situado en la calle Piedras, que fue
demolida para hacer la Av. de Mayo.
La iglesia escocesa actual queda en la calle Belgrano y Perú.
Los escoceses de la Iglesia Presbiteriana son profundamente religiosos, imbuidos en las severas
doctrinas de Calvin y Knox, consideran a sus ministros y familias como merecedores de las mayores
consideraciones sociales y respeto. Hasta fines del siglo pasado los descendientes de esos protestantes
y creo que aún hoy día hay muchos que jamás se acuestan sin hacer de rodillas su oración respectiva,
como también el jefe de la casa reza en común una oración antes y después de cada comida. El
domingo está dedicado por completo a las prácticas religiosas; ira a la iglesia por la mañana y a la tarde
para los oficios y el sermón; si la iglesia queda lejos, los oficios son dirigidos por el jefe del hogar
reuniendo la familia, sirvientes y vecinos, lee en voz alta los versículos de la Biblia seguidos de alguna
oración. También tenían la costumbre de hacer venir por turno a sus estancias los clérigos de su credo
para oficiar los domingos o bautizar, casar o consolar algún moribundo en cualquier momento.
Hay algunos que el día domingo no harían un viaje, sino por una causa muy poderosa, como una
desgracia de familia; ni harían una compra, ni negocio, aunque les reportara enormes beneficios y
muchos han perdido empleos y posición sólo por habérseles insinuado que tendrían que trabajar el día
domingo. He visto estancieros, parientes míos, dar otro día de la semana de asueto para que los
puesteros pudieran trabajar sus propias chacras, sin necesidad de hacerlo en el día domingo.
Sólo en este siglo han aceptado que en ese día se dedicaran algunas horas a sports, ajedrez o a
visitar museos o galerías de arte, o leer algo que no fuera la Biblia.
Las diversiones como teatros, bailes, etc., están todavía excluidas y ahora por suerte el “sábado
inglés” les permite estas diversiones sin faltar a sus deberes. Entro en estos detalles para que pueda
formarse un concepto de la psicología de los que luego formaron la Colonia de Monte Grande.
Debemos recordar con satisfacción y orgullo a los primeros británicos que obtuvieron carta de
ciudadanía argentina: señores Winton, y Juan Miller, casándose ambos con hijas del país; siguiéronles
en esta gestión los señores Daniel Gowland y Santiago Wilde.
Nos es grato consignar que en el año 1815, los residentes británicos de Mendoza se ofrecieron
para formar y equipar a su costo una compañía de caballería para la defensa de la ciudad; proposición
que fue aceptada el 13 de Febrero de 1815, habiendo el Gobernador recomendado al General San
Martín su aceptación en estos términos: “que eran hombres acostumbrados a las fatigas y riesgos de la
guerra, siendo la mayor parte acreditados soldados, prisioneros de guerra que se radicaron en el país”.
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 6

Según don Francisco P. Moreno que ha tomado los datos del Archivo General de la Nación, las
solicitudes de casi todos eran en español, así como los nombres de pila, al pie de esos documentos.
El Gobernador de las provincias de Cuyo ordenó se diera “las gracias a nombre de la Patria a los
individuos que tan generosamente se habían inscripto para prestar sus servicios en obsequio de la
Libertad Americana; asegurándoles que este gobierno remuneraría cualquier clase de sacrificios con que
acreditan su patriotismo y decidido interés para la felicidad del Estado.”
Los puestos en el batallón de voluntarios en Mendoza, fueron repartidos por sorteo, y con
verdadera gratitud consignamos los nombres de estos esforzados británicos, pues, demuestra que el
soplo de la Libertad había inflamado hasta los hijos de los países más esquivos para formar la
nacionalidad de otro país que no sea el suyo.
He aquí sus nombres que deben recordarse para ejemplo de los demás.
Juan Young (capitán), Tomás Appleby (teniente 1°), Santiago Lindsay (teniente 2°), Juan
Hefferman (subteniente), Samuel Chonk, Roberto Baron, Héctor Mc Neil, Juan Bautista Mc Cochen,
Tomás Hughes, Roberto Smith, Juan Fleming, Bartolomé Tukerman, Tomás Knight, Samuel Knowles,
Juan Bradshaw, Timoteo Lynch, Juan Miller, Juan Rodríguez, Guillermo Holmes, Eduardo Liford, Roberto
Smith, Santiago Ferman, Samuel Wise, Jorge Rowe, Samuel Puche, Jorge Gillespie, Juan Frost,
Guillermo Mc Gregor, Tomás Martín, Pedro Ayres, Guillermo Hely, Pedro Smith, Jorge Melham,
Guillermo Forbes, Pedro Juan Martínez, Juan Humfries, Juan Brown, Jorge Crawford, Juan Ammes,
José Andrews, Alfonso Benites, Guillermo Carr, Daniel Mc Cuchan, Jorge Collins, Roberto Johnston,
Jacobo Brownson y Julián Mohalan.
En 1820 unos treinta dependientes y mecánicos británicos formaron una compañía de caballería
volante para acompañar, como cuerpo de guardia, al Gobernador en las paradas y procesiones que
tuvieran lugar.
Más tarde han figurado muchos apellidos ingleses en el ejército y la armada, fuera de Brown y
French. Los demás han sido hijos de ingleses y su actuación es posterior a la época de que tratamos.


FUNDACIÓN, ACCIÓN Y DISPERSIÓN DE LA COLONIA DE MONTE GRANDE
Entre los hermanos Robertson y don Bernardino Rivadavia se cambiaron en 1824 las siguientes
notas y se firmó el contrato consiguiente para la fundación de la Colonia de Monte Grande:
A su Excelencia el Gobernador y Capitán General de la Provincia.
“Convencidos de los benéficos efectos que produce en todo país nuevo el estimular la
inmigración, siempre que se introduzcan de un modo sistemático y prudente, nos ha inducido a mí y a mi
hermano Juan Parish Robertson (que ha vivido muchos años en este país y ahora está en Londres) a
proponer un proyecto para introducir en la Provincia una colonia de súbditos británicos. Siempre que el
Ejecutivo esté dispuesto a proteger y ayudarnos en la empresa.
“Deseamos que su Excelencia se persuada que en este proyecto tenemos una más alta
aspiración que la de nuestro beneficio propio; pues aunque extranjeros, no podemos mirar con
indiferencia el interés público y la prosperidad general de un país en que hemos adquirido mucho de lo
que poseemos y en el cual hemos recibido hospitalidad y hemos formado muchas amistades.
“Así, si no estuviéramos persuadidos de que podemos combinar los más vitales intereses de la
Provincia con el nuestro propio, el fin principal de la empresa no tendría razón de ser y lo
consideraríamos impropio de la atención de su Excelencia.
“Por otra parte, puede juzgarse que sin el apoyo del Gobierno dos personas no podrían realizar
un proyecto de esta magnitud, sin exponerse a arruinarse; resultado que sería perjudicial al país mismo,
puesto que desanimaría a otros a propiciar semejantes puntos de vista como el propuesto y la idea de
semejante resultado nos pone en el deber de precavernos contra ello por todos los medios posibles.
“Por lo tanto, creemos que está en el interés del Gobierno hacer extensivo a nosotros todo el
apoyo que pueda juzgarse razonable para la realización de nuestro proyecto. Ni titubeamos en afirmar
que es innegable que no hay parte del mundo en que más falta hace el poblar (entendiendo que sean
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 7

hombres industriosos, inteligentes y morales) y no hay país que ofrezca mayores facilidades y más
grandes ventajas para la introducción e incorporación de una gran masa de población extranjera.
“Las aspiraciones de mi hermano y las mías, son por un lado, no pesar demasiado sobre los
recursos públicos del país y por otro, no exponernos a grandes pérdidas, principiando por el sistema de
emigración ya comenzado en las Provincias (Beaumont Association) que parece realizarse con
acelerada rapidez y prosperidad. Por lo tanto rogamos a su Excelencia tome en consideración lo
expuesto y ver si es posible entrar a hacer un arreglo condicional bajo las siguientes bases:
Primero: los señores John y William Parish Robertson se comprometen introducir en la Provincia
antes de un año, desde la fecha, un grupo de familias europeas, no menos de doscientas familias,
compuesto de seiscientas personas.
Segundo: que en caso de realizarse dicha colonización, el Gobierno cederá a los nombrados
Robertson, una porción de tierra que se especificará, en renta vitalicia “enfiteusis”, con la especificación
de que la parte del terreno ocupado por colonos será a perpetuidad.
Tercero: que los terrenos mencionados serán al Sud de la Provincia y a satisfacción de los
empresarios.
Cuarto: que al llegar los colonos el Gobierno adelantará una suma de dinero y proveerá
herramientas y otros útiles que se entregarán previo arreglo con los colonos para la devolución de lo
recibido en un período que no les fuera oneroso.
Quinto: si cualquier colono abandonara el país antes de cinco años, el empresario se obliga a
devolver la mitad de la suma mencionada en el artículo anterior y pagar el alquiler del terreno utilizado y
ocupado por dicho colono.
Sexto: que las personas más respetables entre los colonos, ejercerán sobre los demás la
magistratura local.
Séptimo: que a los colonos se les permitirá ejercer con libertad completa la religión protestante.
Octavo: que formarán entre ellos un cuerpo de milicia.
Noveno: que los colonos no estarán sujetos a ningún cargo, deber, ni impuesto fuera de los
comunes a los demás habitantes.
(firmado) Wm. Parish Robertson.

DECRETO
“Se acepta la anterior propuesta en todas sus partes, en los nueve artículos que contiene. Si
conviene a los interesados pueden proceder a la inmediata realización del contrato; sino, que indiquen
cuando creen será el tiempo oportuno.
“Si es necesario, se dará una copia certificada por el escribano del Gobierno de esta
representación y decreto.
(firmado) Rivadavia.
11 de Marzo de 1824.


No había transcurrido un año, cuando el 2 de Febrero de 1825, Mr. Woodbine Parish, ministro de
la Gran Bretaña firmó con el Gobierno del Río de la Plata, el primer tratado comercial y de libertad
religiosa que consta de quince artículos, firmado por el ministro don Manuel José García, siendo los
siguientes artículos los que más nos interesan.
Art. XI. – Para mayor seguridad del comercio entre los súbditos de su Majestad Británica y los
habitantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata se acepta que: si hubiera desgraciadamente
alguna interrupción en el amigable intercambio comercial, los súbditos o ciudadanos de las partes
contrayentes, residentes en el dominio del otro, tendrán el privilegio de permanecer y continuar su
comercio, sin ninguna interrupción, mientras se porten pacíficamente y no cometan transgresiones contra
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 8

las leyes, sus efectos y propiedades, ya sean manejados individualmente o por el estado, no serán
expuestos a despojo o secuestro o a ningún otro impuesto que los que se exigen de los habitantes
nativos del estado en que dichos súbditos o ciudadanos residen.
Art. XII. – Los súbditos de su Majestad Británica, residentes en las Provincias del Río de la Plata,
no serán obligados, perseguidos, ni molestados a causa de su religión y tendrán completa libertad de
conciencia y podrán celebrar el oficio divino, ya sea en sus casas particulares o en sus propias iglesias y
capillas para lo cual tendrán libertad para edificar y mantenerlas en sitios adecuados, aprobados por el
Gobierno de las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Se garante la libertad para enterrar a los
súbditos de su Majestad, que murieran en territorio de las Provincias Unidas en sus propios enterratorios,
que pueden establecer y mantener.
Igualmente los ciudadanos de las Provincias Unidas gozarán dentro de los Dominios de su
Majestad Británica de una perfecta e ilimitada libertad de conciencia y para ejercer su religión
públicamente o privadamente, en sus casas propias o en capillas o sitios dedicados para este objeto y en
conformidad con el sistema de tolerancia establecido en los dominios de dicha Majestad.
Había pasado un año desde que Rivadavia firmó el contrato con W. P. Robertson y aun los
recursos no se habían dado, ni las tierras se habían concedido todavía y eso que estaban ya en viaje los
futuros pobladores, pues la gran extensión de terreno prometido al Sud de la Provincia de Buenos Aires,
estaba dentro de la zona expuesta a la invasión de los indios, que llegaban a menudo hasta unas veinte
leguas de la ciudad, tanto en el Sud como al Oeste. Así, esos campos no fueron aceptados por los
empresarios por no querer exponer a los recién llegados a un desastre seguro.
Contando los Robertson con la cooperación pecuniaria de un grupo de ocho familias de
estancieros (farmers) escoceses, que estaban en condiciones de costearse viaje, herramientas y
manutención por un determinado tiempo, aunque teniendo que costear todo a los demás, aceptó el
generoso ofrecimiento de Rivadavia de un campo cerca de la ciudad de Buenos Aires. Esperaban
demostrar pronto las grandes ventajas que reportaría a los habitantes de la ciudad el poder recibir
fácilmente productos de granja en buenas condiciones, como efectivamente sucedió, aunque fue un
desastre financiero para los colonizadores.
Creían los Robertson que estos beneficios para la población harían que el Gobierno se
apresurara a cumplir todo el contrato firmado.
El terreno que destinó Rivadavia para la colonia no era extenso, comparado con lo que se había
proyectado dar: medía más o menos 6500 hectáreas o sea unas dos leguas y media que en 1870 quedó
reducida a 739 hectáreas, cuando se ofreció en venta al Gobierno, y hoy abarca sólo 80 hectáreas en la
parte llamada Santa Catalina destinada a escuela de agricultura.
El sitio cedido era Monte Grande, que formaba parte de la estancia Santa Catalina y tenía la
ventaja de tener una enorme mansión que serviría de alojamiento provisorio para los colonos a su
llegada. Estancia que fue después residencia de W. P. Robertson primero y más tarde de la familia de mi
abuelo, y luego de Fair.
Este campo tenía la ventaja de estar a cinco o seis leguas de Buenos Aires, abarcando la zona
donde hoy tiene el ferrocarril del Sud sus estaciones Llavallol, Turdera y Monte Grande. La entrada a
Santa Catalina queda a unas veinte cuadras al Sudoeste de la estación Llavallol; allí está establecida
ahora la Escuela práctica regional de Agricultura y Ganadería, dependiente de la Universidad Nacional
de La Plata, para cuyo destino se han edificado magníficos y enormes edificios y anexos, que han
reemplazado hasta los últimos restos de la mansión donde se alojaron los escoceses recién llegados y
las casitas de estos mismos. Ahora cincuenta años se veía todavía parte de la primitiva construcción y
por suerte fue fotografiada entonces.
Tuvo esta propiedad en el siglo transcurrido diversos destinos: fue colonia, propiedad particular,
luego abandonada; cuartel en diversas épocas, paseo público mal atendido y por eso tuvo que cerrarse;
por fin, y por suerte, diversas escuelas de agronomía funcionaron allí.
Sólo por un milagro se han salvado de las depredaciones los magníficos árboles: robles, fresnos,
encinas, olmos, etc., plantados por los escoceses hace un siglo y que hoy forman un espléndido bosque
artificial, el más antiguo en nuestro país.
Los Robertson encargaron a su amigo, y creo pariente, William Grierson de comprar en
Edimburgo y Dumfries, las herramientas, útiles y enseres más indispensables para los que no podían
Primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina, Dra. Cecilia Grierson 9

costearlos personalmente y le encargaron de la administración, a lo menos, hasta la llegada de los
colonos a su destino.
Al poco tiempo de la llegada nació mi padre y fue bautizado en la Legación Británica, y le
pusieron el nombre y los apellidos del padrino, antes del de su padre, que queda al final, según
costumbre inglesa, llamándose por lo tanto John Parish Robertson Grierson, Fue éste educado en
Inglaterra, y de hombre dedicó sus actividades a trabajos de estancia y a la cría de caballos de carrera,
siendo él y sus hermanos considerados los mejores “gentlemen riders” de la época, según crónicas
publicadas recientemente. Después de la batalla de Caseros, consiguió con uno de sus notables
caballos, ganar para los porteños, el desafío partidista que se había hecho contra los que traía el
General Urquiza y que fue la carrera más comentada de su tiempo.
Las cuentas presentadas por mi abuelo datan desde el 11 de Febrero de 1825 hasta la fecha de
embarque y como son muy largas y detalladas sólo publicaremos un resumen.
Son cuentas por enseres domésticos: loza, cubiertos y otros artículos de menaje, incluso 123
libras de jabón; lo necesario para trabajo de las huertas: guadañas, hoces, cabestros, arneses, látigos
para carros, etc., por valor de £ 203-S7-d1 y la última por valor de £ 165-s2-d8, por otras herramientas y
útiles para trabajar las chacras; arados y rastras con todo su equipo; objetos de lomillería, monturas, etc.,
dos carros con elástico (primeros que vinieron al país) tirados al pecho y con cadenero, que fueron
reemplazando poco a poco los tirados a cincha, únicos usados aquí en esa época.
Por las cuentas se ve que en aquel tiempo había que proveer a las sirvientas de abrigos para la
cama; costearles una quincena de manutención en el puerto de embarque y más, pagar a éstas 10 £, y a
los peones (aradores) 17 £ y 10 £ por un semestre adelantado, antes de embarcarse.
Por estos papeles se ve que en Leith no había embarcadero, puesto que se consigna el gasto de
bote para el embarque en el “Symmetry of Scarboro”. Tampoco encontraron muelle en Buenos Aires y
les llamó mucho la atención al llegar la forma de desembarcar en carretas, descriptas en muchas de las
cartas enviadas por los inmigrantes a sus respectivas familias en Escocia.
Por la pequeña suma empleada en equipar toda una colonia se revela en seguida el espíritu ultra
económico que caracteriza al escocés y da lugar a chanzas, cuentos y sobrenombres, tanto en el pasado
como en el presente y su espíritu previsor también se revela en los detalles de las compras.
Ya J. P. Robertson había vuelto a Europa en un barco mercante de su propiedad con objeto de
continuar su comercio con el Río de la Plata, donde había acumulado fortuna de 100.000 £, y a traer los
colonizadores.
Hizo equipar su barco, una fragata “The Symmetry of Scarboro”, con su pariente capitán W.
Cochrane, que le había acompañado en su viaje desde el Río de la Plata.
Por su edad avanzada, fue reemplazado por el capitán Smith en el viaje de vuelta.
Preparado todo se embarcaron el el “Symmetry of Scarboro” el 22 de Mayo de 1825 del puerto
de Leith (al lado de Edimburgo) y llegaron a Buenos Aires el 11 de Agosto de 1825, después de setenta
y ocho días de navegación. Apenas desembarcados fueron trasladados en carretas de bueyes a Monte
Grande, e instalados provisoriamente en la estancia Santa Catalina hasta que se construyeron las casas
para las familias que acababan de llegar.
La lista de los pasajeros, su edad, estado civil y ocupaciones u oficios están consignados en los
archivos del Consulado Británico y son los siguientes: vinieron como granjeros (farmers) propietarios:
David Anderson, James Broach, William Grierson, Thomas Galbraith, John Mc Clymont, John Miller,
James White, William White; médico William Wilson; arquitecto Richard Adams; agrimensores: James
Cathcart, Henry Ines y John Christian.
Los demás que se mencionan a continuación prestaron servicios como domésticos u obreros de
chacra, o en uno de los variados y útiles oficios que sabían y que fueron tan necesarios para la Colonia
de Monte Grande.
Eran: J. Aird, J. Goldsworthy (cuya esposa era la Institutriz); W. Arthur; W. Steel, Anne Aird, W.
Attwel, R. Burns, Helen Bone, R. Barclay, J. Brown, M.Beattie, W. Burns, Margaret Barber, R. Boyd,
Anne Irving, E. Jaggart, Ruth Irving, W. Johnstone, A. Lawrie, E. Leach, J. Lawrie, J. Jarrell, Jane Jarrell,
P. Morton, A. Malcolm, Susan Mc Michan, D. Mc Reavie, T. Mallet, J. Mitchell, T. Mc Kenzie, J. Moddick,
R. Mc Gregor, R. Mc Clymont, A. Rae, H. Robson, J. Rodgers, Bárbara Rankin, M. Ramsay, J.
Robertson, J. Smith, J. Simpson, J. Robson, Janet Brown, M. Berry, J. Barker, Anne Crosby, W. Crozier,
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