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HAGAKURE - Yamamoto Tsunetomo

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El Hagakure (葉隠? que significa "a la sombra de las hojas" o "escondido en la vegetación") es una obra literaria japonesa dictada por Yamamoto Tsunetomo a uno de sus aprendices entre 1710 y 1717, inspirada en el célebre código Bushidō.
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  • Added: April, 01st 2011
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by: gloriagarfinkel, 2 pages

The artist Motoi Yamamoto’s sister died when she was twenty-four of a brain tumor. In the Japanese tradition of honoring her, Motoi Yamamoto devised an extraordinary artwork in her memory.

Content Preview
HAGAKURE:
EL LIBRO DEL SAMURAI
Yamamoto Tsunetomo

ÍNDICE:
1. La rutina
40. El mundo es sueño
2. Las raíces
41. Fanatismo
3. Tácticas militares
42. Resolución
4. Los cuatro votos
43. La nostalgia del pasado
5. Decisiones
44. Examen cotidiano
6. La critica de los demás
45. Marionetas
7. Previsión
46. Cuando el agua sube
8. Como ha de ser el samurai
47. Ahora es la hora
9. La pérdida de la virirlidad
48. Fugacidad
10. Mushin
49. Dignidad y sinceridad
11. Entrenamiento
50. El orgullo (2)
12. Caligrafía
51. Intuición súbita
13. Imponer
52. Nuestra opinión
14. El dragón
53. Longevidad
15. Concentración
54. Relajación
16. Animar a un amigo
55. Confusión
17. Las palabras
56. Un método secreto
18. La actitud durante la tormenta
57. Las palabras(2)
19. Ganar desde el principio
58. Lealtad a la muerte
20. La amistad se mide en la adversidad
59. Los pequeños fallos
21. Éxito y fracaso
60. Hierba de cobardía
22. Quien calcula es un cobarde
61. Asir la ocasión
23. La vía del samurai
62. Dominar a sus aliados
24. La distracción
63. Vencer la enfermedad
25. La desgracia
64. Valentía
26. Las decisiones
65. Homosexualidad
27. El orgullo
28. Levantaos a la octava
29. Auto-perfección
30. Los consejos
31. Determinación
32. El fundamento de las cosas
33. Senilidad
34. Errores
35. Caligrafía
36. Aceptar el sufrimiento
37. Hacer demasiado
38. La condición del samurai
39. El fin de las cosas
2

3

HAGAKURE (HOJAS OCULTAS)
Hagakure, que significa "oculto bajo las hojas", es un antiguo breviario de
caballería inspirado en el célebre código Bushido. Nos expone la vía del
guerrero, cuyos preceptos filosóficos y ética trascendental presentan al Bushi.
Bushido es la aceptación total de la vida, vivir incluso cuando ya no tenemos
deseos de vivi
r. Esto se logra sabiendo morir en cada instante de nuestra vida,
viviendo el instante, el aquí y ahora, sumido en el eterno presente, en vez de
abandonar el campo de batalla cotidiano. Para el Samurai, la vida es un desafío,
y la muerte es preferible a una vida indigna o impura. Esta es la noble y
espectacular lección del HAGAKURE.
Mantenido en secreto durante siglos, el Hagakure fue el libro de cabecera de
Yukio Mishima.
He descubierto que la vía del Samurai reside en la muerte. Durante una crisis,
cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, debemos escoger
la muerte. No hay en ello nada difícil; sólo hay que armarse de valentía y actuar.
Algunos dicen que morir sin haber acabado su misión es morir en vano. Este
razonamiento es el que sostienen los mercaderes hinchados de orgullo que
merodean por Osaka; no es más que un razonamiento sofisticado a la vez que
una imitación caricaturesca de la ética de los Samurais.
Hacer una elección juiciosa en una situación donde las posibilidades de vivir o de
morir se equilibran, es casi imposible. Todos preferimos vivir y es muy natural
que el ser humano encuentre siempre buenas razones para continuar viviendo.
El que escoge vivir habiendo fracasado en su empeño, será despreciado y será
a la vez un cobarde y un fracasado. El que muere después de haber fracasado,
muere de una muerte fanática, que puede parecer inútil. Pero en cambio, no será
deshonrado. Tal es la vía del Samurai.
Para ser un Samurai perfecto es necesario prepararse a la muerte mañana y
tarde e incluso durante todo el día.
Cuando un Samurai está constantemente dispuesto a morir, ha alcanzado la
maestría de la Vía y puede dedicar, sin cesar, la vida entera al servicio de su
señor.
LA RUTINA
Cuando Hotta Haga No Kami Masamori era paje del Shogun, era tan obstinado
que este último decidió someterlo a prueba. Para hacerlo, hizo calentar a blanco
un par de sandalias y las colocó sobre un brasero. Masamori tenía por
costumbre coger las sandalias colocadas al lado del brasero para ir a recibir a su

Señor. Esta vez, en cuanto tocó las sandalias notó la quemadura en las manos.
Pero actuó de la manera acostumbrada, así que el Shogun se las quitó
rápidamente de las manos.
Uno de los Samurai de Matsudaira Sagami No Kami estaba en una pensión en
Kyoto para recoger dinero. Un día que estaba en el portal viendo pasar a la
gente, oyó a un transeúnte gritar: "Se dice que los hombres del Señor
Matsudaira están enzarzados en un combate." El samurai se dijo: "Es muy
lamentable que mis compañeros estén implicados en un combate. Estos deben
de ser los que tenían que ir a relevar a los que estaban de servicio en Edo." Se
informó sobre el lugar del combate y cuando llegó jadeante, sus compañeros
habían sido heridos ya por sus adversarios, que estaban a punto de darles el
golpe de gracia. Acompañando su ataque de un grito, golpeó a dos hombres y
regresó a Kyoto. Este asunto llegó a oídos del oficial del Shogun que mandó
llamar al Samurai para preguntarle: "Habéis ayudado a vuestros compañeros,
desobedeciendo con ello al edicto del Gobierno. ¿Cómo es eso?" Él contestó:
"Vengo de la provincia y me es difícil entender lo que Su Señoría me dice.
¿Podría volver a repetirlo?" El oficial enfureció y dijo: "¿Está usted sordo?
¿Habéis estado implicado en una pelea, derramado sangre y desobedecido el
decreto gubernativo, quebrantando las leyes, sí o no?" El hombre contestó: "Ya
había comprendido todo esto. Aunque lo afirméis, yo no he desobedecido
voluntariamente a las leyes y no he tenido intención de desobedecer al gobierno.
La razón de ello es que todo ser viviente concede a la vida cierto precio y desde
luego lo mismo ocurre con los seres humanos. Por mi parte, doy un gran valor a
la vida humana. Pero he oído que mis compañeros estaban en peligro y hacer
ver que uno no se ha enterado de nada no es digno de la Vía del Samurai. Por
ello he corrido para socorrer a mis compañeros. Volver a mi casa, la vergüenza
en el corazón, sabiendo que mis amigos han sido asesinados, habría prolongado
desde luego mi vida, pero era desobedecer a la Vía. Para seguir la Vía, uno
debe sacrificar su preciosa vida. Es debido a esto, a respetar a la Vía y no por
despreciar el reglamento, que decidí ir allí. Os ruego, ahora, que procedáis a mi
ejecución." El oficial quedó impresionado, archivó el asunto y escribió al Señor
Matsudaira: "Tenéis un valiente Samurai a vuestro servicio. Espero que lo
sabréis cuidar como se merece."
LAS RAÍCES
El árbol genealógico del Señor Soma, sobrenombrado el Chiken Marokoshi, era
el más elaborado del Japón. Un año en el que su hacienda se incendió y estuvo
a punto de ser destruida, el Señor Soma dijo: "Incluso si la casa, los muebles y
todo el resto es destruido, no lo lamentaré porque son cosas que se pueden
reemplazar. Lo único que lamentaré es no haber podido salvar mi árbol
genealógico, que es un tesoro de familia de lo más precioso." Allí estaba un
Samurai y dijo: "Voy a entrar en la casa y traerlo."
El Señor y los demás se pusieron a reír, diciendo: "La casa es ya pasto de las
llamas, ¿cómo lo conseguiréis?" Aquel hombre no había sido jamás muy

hablador y no había sido particularmente diligente pero era alguien que iba hasta
el final en todo lo que hacía. Dijo también: "Hasta ahora no he sido de una gran
utilidad a mi amo, porque no he sido muy cuidadoso, pero he vivido con la idea
de que un día mi vida podría ser útil.
Me parece que este momento ha llegado." Entonces se lanzó a las llamas.
Cuando el incendio fue apagado, el amo ordenó: "¡Que se encuentre su cadáver!
¡Qué gran pérdida!" Después de haber buscado por todas partes, se descubrió
su cuerpo en el jardín próximo a los apartamentos; cuando se le dio la vuelta,
salió sangre de su vientre.
El Samurai se había abierto el vientre y en él había colocado el documento para
que permaneciera intacto. A partir de ese día, se sobrenombró este documento
"la genealogía de la sangre".
En el Koyogunkan, alguien dijo: "Cuando estoy frente al enemigo, siempre tengo
la impresión de que penetro en las tinieblas y a causa de esto he sido herido
gravemente... sin embargo, vos que habéis combatido con tantos hombres
valientes jamás habéis sido herido. ¿Cómo es posible esto?" El otro contestó:
"Cuando me enfrento con el enemigo, es desde luego como si penetrara en las
tinieblas. Pero enseguida tranquilizo mi mente, todo se vuelve como una noche
iluminada por la pálida Luna. Si ataco en este momento, sé que no seré
alcanzado." Esta es la situación en el momento de la verdad.
TÁCTICAS MILITARES
En las Notas sobre las Reglas Marciales, está escrito lo siguiente: "Ganar
primero, combatir después, lo que dicho en dos palabras es ganar antes. La
riqueza del tiempo de paz es permitir la preparación marcial para el tiempo de
guerra. Con quinientos aliados, se puede derrotar a una fuerza enemiga de diez
mil hombres."
Cuando uno intenta tomar el castillo de un enemigo y es necesario retirarse, hay
que replegarse, no siguiendo la carretera principal sino las carreteras
secundarias. Se debe tender a sus muertos y heridos con el rostro girado hacia
el enemigo. Es evidente que el guerrero tiene que estar en vanguardia durante el
ataque y en la retaguardia cuando la retirada. Cuando se ataca, no se ha de
despreciar esperar el buen momento. Esperando el buen momento no se debe
olvidar el ataque.
Entre los principios secretos de Yaygu Tajima No Kami Munemori, hay un
proverbio: "No existe táctica militar para un hombre de gran fuerza moral."
Instruido por esto, cierto vasallo del Shogun fue a ver al Maestro Yagyu y le pidió
que lo aceptara como a su discípulo. El Maestro Yagyu dijo: "Me parece que ya
sois alumno de una escuela de Artes Marciales. Decidme el nombre de vuestra
escuela antes de iniciar nuestras relaciones de maestro-discípulo." El hombre
contestó: "Yo no he practicado jamás un arte marcial." El Maestro dijo: "¿No
habéis jamás aprendido la disciplina de la escuela Tajima Nokami? Tengo la
impresión de que sois uno de los maestros del Shogun. El hombre juró que no.
El Maestro le preguntó entonces: "¿Tenéis algún tipo de convicción profunda?" El

hombre contestó: "De niño tomé conciencia de que el Bushi es un hombre que
no debe arrepentirse de su vida. He enterrado este pensamiento en mi corazón
durante muchos años y ello se ha vuelto una convicción. Por ello, jamás pienso
en la muerte. No tengo ninguna otra concepción fuera de ésta." El Maestro
Yagyu quedó muy impresionado y dijo: "Mi intuición no me ha engañado. El
principio más profundo de la táctica marcial es el que vos poseéis. Hasta ahora,
de cientos de discípulos que he tenido, ninguno ha alcanzado este principio. No
es necesario prepararos con el "sable de madera" (boken). Voy a iniciaros
inmediatamente."
Enseguida le dio un pergamino. Esta historia ha sido relatada por Muragawa
Soden.
Si alcanzáis demasiado rápido la gloria, la gente se volverá vuestro enemigo y
no seréis de ninguna utilidad. Si os eleváis progresivamente en el mundo, las
personas serán aliados vuestros y seréis felices. A la larga, que hayáis sido
rápido o lento, en cuanto hayáis adquirido la comprensión de los otros, nada os
amenaza. Se dice que la suerte que os es dada por otros es la más segura.
LOS CUATRO VOTOS
Algunos son capaces de actuar con sabiduría cuando la ocasión lo requiere.
Otros se ven obligados a permanecer despiertos largas horas, presos de
angustia, antes de descubrir la solución correcta al problema planteado. Pero
aunque estas deferencias innatas sean en cierta medida inevitables, cada uno
puede alcanzar dones de sabiduría insospechada adoptando "los cuatro votos".
Parece que cualesquiera que sean los dones personales, cualquiera que sea la
dificultad del problema, a una reflexión suficientemente larga y profunda. En
tanto uno funda su razonamiento sobre el "Yo", puede ser muy prudente y astuto
pero no sabio.
Los seres humanos son insensatos y les es difícil abandonar su "Yo". A pesar de
todo, un individuo enfrentado a una situación complicada tiene grandes
posibilidades de encontrar una solución, si llega a abstraerse momentáneamente
del problema, concentrándose sobre los "cuatro votos" y abandonando su "Yo".
DECISIONES
Poseemos muy poca sabiduría; sin embargo, tenemos una gran tendencia a
referirnos a ella para resolver nuestras dificultades. Debido a que nos
preocupamos esencialmente de nosotros mismos, nos desviamos de la Vía del
Cielo y nuestras acciones se vuelven malas. A los ojos de los demás, somos
despreciables, débiles, limitados y totalmente ineficaces. Cuando nos sentimos
incapaces de una competencia verdadera es preferible apelar a alguien más
sabio. No estando personalmente implicado, tal vez pueda revelarse como un
juez preclaro -ya que no tiene un interés propio-. Estará en medida de aconsejar
la elección más juiciosa.

Si observamos a un hombre que toma sus resoluciones de esta manera digna de
notarse, sabemos que está resuelto, autónomo, digno de fe y enraizado en la
realidad. Su sabiduría, alimentada por los consejos de los demás, puede
compararse a las raíces de un gran árbol de follaje espeso y denso.
Existen límites a la sabiduría del ser humano, arbusto débil, sacudido por el
viento.
LA CRÍTICA A LOS DEMÁS
Reprender y corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto
esencialmente caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay que
esforzarse en hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil encontrar
cualidades y defectos en la conducta del prójimo. También es igualmente fácil
criticarlo. La mayoría de las personas se imagina que es por gentileza que dicen
a los otros lo que no desean oír y si alguna vez sus críticas son mal acogidas,
piensan que los otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La
misma da tan malos resultados como colocar a alguien en una situación
embarazosa o bien si alguien nos insultara. Esto no es muchas veces más que
una mala manera de sacar lo que nos pesa en el corazón.
La crítica sólo debe intervenir después de haber discernido si la persona la
aceptará o no, después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido
sus intereses y de haberse comportado de manera tal que nos concede su
entera confianza para que tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el
tacto. Hay que sentir el buen momento y la buena manera de ejercer su crítica -
por carta o al regresar de una reunión particularmente agradable-. Hay que
empezar comentando sus propios fallos y luego llevar a su interlocutor a
comprender, sin pronunciar más palabras de las necesarias.
Hay que alabar sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor;
volverlo tan receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre
sediento lo es al agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La
crítica constructiva es delicada.
Sé por experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza.
Me parece que la actitud más verdaderamente caritativa consiste, para todos los
Samurais al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los
unos con lo otros, corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo.
Poniendo a alguien voluntariamente en una situación embarazosa no se hace
nada constructivo. ¿Cómo podría ser de otro modo?
PREVISIÓN
El lenguaje militar emplea los términos de "Samurai ilustrado" y de "Samurai
ignorante". Un Samurai que ha esperado tenerse que enfrentar con situaciones
difíciles para aprender a salir de ellas no es ilustrado. Un Samurai que se
preocupa por adelantado de todas las situaciones y soluciones posibles, es
sabio. Será por lo tanto capaz de hacerle frente con brillantez cuando la ocasión

se presente. No importa lo que ocurra, un Samurai ilustrado es aquel que se
preocupa de los detalles de la acción, antes
de la hora. Un Samurai imprevisor, en cambio, da la penosa impresión de
arrastrase en una gran confusión y su éxito sólo proviene de una suerte anormal.
Sólo un Samurai negligente no considera todas las eventualidades antes del
momento de la acción.
No comparto la opinión de los que preconizan una autoridad estricta y constante.
Como dice el proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las que
le permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez. Es cuando uno pasa de
los detalles y no cuida de las quejas menores cuando es capaz de procurar la
serenidad a los que nos sirven. La comprensión de este principio es esencial
para el que quiera comprender el carácter y el comportamiento de los demás.
Cuando el Señor Mitsushige sólo era un niño, se le pidió leer un pasaje de un
libro del Monje Kaion; llamó a los otros niños y a los acólitos para decirles: "Os
ruego que os acerquéis y escuchéis. Es muy difícil leer cuando no hay casi nadie
que escuche".
El monje quedó impresionado y dijo a los fieles: "Es con este espíritu que hay
que hacer todas las cosas".
CÓMO HA DE SER EL SAMURAI
Tengo la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado
objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La
mayoría sólo busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso
los que parecen tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no
es conveniente. Un Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no
tiene otro deseo que morir rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo
su vida a su amo, en la medida donde su preocupación constante es el bienestar
de su Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera
mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del
dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la
misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas,
puedan haceros desviar de la meta fijada.
LA PÉRDIDA DE LA VIRILIDAD
He aquí lo que decía uno de mis amigos. Parece que un tal Doctor Kyon afirma
lo siguiente: "En medicina se distingue a los hombres de las mujeres en virtud de
los principios del Yin y del Yang; por consiguiente, los tratamientos médicos son
fundamentalmente diferentes. Además, su pulso es también diferente. Sin
embargo, en el curso de estos últimos cincuenta años, el pulso de los hombres
se ha vuelto idéntico al de las mujeres. Desde que me he fijado en este
fenómeno, he considerado bueno tratar las enfermedades oculares de los
hombres por los medios apropiados al pulso de las mujeres. Cuando intento
aplicar a mis pacientes varones los cuidados previstos para ellos, no obtengo

ningún resultado". En efecto, el mundo está abordando un período de
degeneración; los hombres pierden su virilidad y se parecen cada vez más a las
mujeres.
Es una convicción inquebrantable que he adquirido en el curso de mi experiencia
personal y que he decidido no propalar. Desde entonces, no olvidando nunca
esta reflexión, cuando miro a los hombres de hoy en día, me digo: "Mira, mira, he
aquí un pulso femenino". Ya no encuentro prácticamente nunca lo que se llama
un hombre verdadero. Debido a esto es por lo que es posible hoy en día ser
considerado excelente y acceder a una posición importante con un esfuerzo
mínimo. Los hombres se vuelven cobardes y débiles, la prueba de ello está en
que, hoy en día, raros son los que tienen la experiencia de haber cortado la
cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda.
Cuando se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la
mayoría considera que es más hábil evadirse e invoca a excusas más o menos
válidas.
Hace sólo cuarenta o cincuenta años, se consideraba una herida combate como
una marca de virilidad. Un muslo sin cicatrices era un signo tan destacado de
falta de experiencia que nadie se hubiera atrevido a mostrarlo tal cual,
prefiriendo infligirse una herida voluntaria. Se esperaba de los hombres que
tuvieran la sangre ardiente y fueran impetuosos. Hoy en día la impetuosidad es
considerada como una ineptitud. Los hombres de hoy en día utilizan la
impetuosidad de su lengua para rehuir sus responsabilidades y no hacer nunca
ningún esfuerzo. Desearía que los jóvenes reflexionaran seriamente sobre esta
situación actual.
MUSHIN
El Monje Tannen tenía costumbre de decir: "La gente ha terminado por no
entender nada porque los sacerdotes ya no enseñan más que la doctrina de
Mushin. Lo que se llama Mushin es un espíritu sin mancha y sin complicación.
Esto es interesante". La Vía del Samurai
El Señor Sanenori decía: "En el seno de un espíritu en donde la perversidad no
encuentra su lugar, está la vía". Si esto es verdad, la Vía es una. Pero nadie
puede comprender esta evidencia en el primer intento.
La pureza no se consigue sin esfuerzo.
El carácter chino gen puede leerse en japonés maboroshi y significa "ilusión".
En japonés, los magos indios se llaman Gen shu sushi o "ilusionistas".
Los seres humanos son marionetas aquí abajo. Es por ello que se utiliza el
carácter gen para sugerir la ilusión del libre arbitrio.
Abominar del mal y conducir su vida con rectitud se vuelve extremadamente
difícil. Ello es bastante sorprendente pero muchos errores tienen por origen la
creencia de que es esencial ser estrictamente lógico y colocar la rectitud por
encima de cualquier otra cosa. Existe una vía más elevada que la rectitud, pero
su descubrimiento no es una cosa fácil e impone una profunda sabiduría.
Comparados con esta vía, los principios lógicos son insignificante, en efecto.

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